Artículos. Algunas claves para incrementar el vocabulario
Entre los cuatro y cinco años un niño ya ha construido los cimientos que sostendrán su capacidad lingüística en el futuro. Es hora, entonces, de empezar a pulir los detalles.Uno de ellos es enriquecer su vocabulario.

Responder a las preguntas
El instrumento privilegiado que un pequeño tiene para incorporar vocabulario es su capacidad de preguntar. De allí que, a pesar de parecernos molestos los constantes "¿por qué?", responder a ellos es fundamental para ampliar el caudal de palabras de nuestro hijo. El modo en que lo hagamos afectará favorable o desfavorablemente en el incremento de su vocabulario.
La forma acertada de responder a sus preguntas es con un lenguaje sencillo, claro y breve. Por ejemplo, cuando se interesa en saber por qué sale la luna de noche, no está esperando una explicación digna de un astrónomo sino una que pueda satisfacerlo de acuerdo a su edad y capacidad de comprensión. No olvidemos repetir alguna de las respuestas de nuestro niño, si son correctas, y luego agreguemos una o dos palabras más en forma progresiva.

Nuevas experiencias
A través de motivaciones visuales, táctiles y auditivas, un pequeño puede establecer conexiones a medida que va escuchando palabras nuevas en relación a lo que está experimentando. Recordemos que los adultos reforzamos el uso de nuevas palabras a través de una variedad de medios verbales y no verbales. Por ejemplo, muchas veces nuestros hijos nos preguntan si estamos tristes, contentos, serios o preocupados porque observan nuestras expresiones.
Los objetos que los niños tienen a su alcance son excelentes maneras de ayudarlos a identificar y nombrar las cosas de su entorno. Aprovechemos su desarrollada capacidad de observación para enriquecer su vocabulario.

Hablemos con ellos
Aunque parezca evidente, muchas veces descuidamos las estrategias más simples. Cuanto más hablemos con nuestro hijo, más ocasiones de incorporar nuevas palabras a su repertorio tendrá. Pero no se trata de actuar un papel protagónico siempre nosotros sino, fundamentalmente, dejarlo a él que se exprese. Cuando un niño se siente escuchado con atención e interés por sus padres, se motiva a hablar más y mejor. Es decir, descubre el "poder" que las palabras tienen sobre las personas que lo rodean.
La hora del baño o de la comida o los viajes en automóvil, son momentos particulares para pedirle a nuestro hijo que describa lo que ve o que nombre objetos que no conoce.
Recordemos que, además, nosotros somos el modelo de nuestro pequeño. Por lo tanto, si usamos un vocabulario extenso y variado y si nos acostumbramos a hablar con frases completas, nuestro niño tenderá a imitarnos en la forma de expresión.

Rimas y poemas
Las rimas y los poemas fascinan al pequeño al tiempo que amplían su vocabulario y lo familiarizan con el ritmo del lenguaje. La repetición constante contribuye a aumentar la seguridad del niño en el uso de la palabra hablada.
Algunos juegos que resultan muy provechosos en este sentido son: recitar una rima o un poema conocido "equivocándonos" en alguna palabra y dejando que nuestro hijo nos corrija; pronunciar una palabra y pedirle a nuestro niño que busque otra que rime con ella; recitar una serie de palabras que rimen entre sí incluyendo alguna que no lo haga, y pedirle al pequeño que detecte la palabra "equivocada".

Lectura
Los libros son un excelente instrumento de adquisición del lenguaje. Desde aquellos sencillos en los que aparecen imágenes a ser nombradas, hasta los cuentos e historias que introducen a los niños en un mundo de palabras que no son utilizadas en las conversaciones cotidianas. Recordemos no resignar la lectura en el afán de explicar el significado de una palabra desconocida.Es muy probable que nuestro pequeño termine por comprenderlo en el contexto general de la historia.
Acostumbrémonos a incorporar nuevas estrategias cuando leemos con nuestro hijo un libro. Por ejemplo, si estamos mirando figuras, comencemos una historia que tenga como protagonista al objeto observado y dejemos que nuestro niño la complete. Alentemos a nuestro pequeño a mirar los detalles de las ilustraciones con preguntas: "¿Por qué la mamá parece enojada?", "¿Qué le pasó a la luna que está tan chiquita?". Hasta los dibujos más sencillos pueden ser el punto de partida de una conversación. El dibujo de un globo puede usarse para plantear preguntas sobre forma, color y tamaño. Unas botas pueden llevar a hablar de diferentes clases de calzado.
Lo importante es no convertir esas hermosas experiencias de intercambio con nuestro hijo en situaciones formales de aprendizaje. Permitámonos compartir con él momentos mágicos y divertidos.
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