Artículos. ¿Cuándo es oportuno consultar a un foniatra?
La adquisición del lenguaje es un proceso lento, con avances y retrocesos. No podemos esperar que nuestro hijo hable correctamente de un día para el otro. Sin embargo, debemos estar atentos a algunas señales que nos indican que estamos en presencia de trastornos en la pronunciación o construcción de fonemas.

¿Qué es la dislalia?
Es uno de los principales trastornos del habla. Consiste en una dificultad en la articulación de los fonemas o sonidos del habla.
Existen tres tipos de dislalia. La funcional, que es la más frecuente y se caracteriza por un mal funcionamiento de los órganos articulatorios. No se dá por deficiencias físicas u orgánicas, sino por defectos funcionales. El niño desconoce o realiza incorrectamente el punto y modo de articulación del fonema. No sabe hacer vibrar la lengua para pronunciar bien la RR y suele reemplazar la S por la Z, o la R por la D.
Por su parte, la dislalia orgánica se presenta en los niños cuando poseen alteraciones neurológicas o cuando tienen anomalías en los órganos del aparato fonador (lengua, garganta).
Por último, la dislalia audiógena se caracteriza por dificultades originadas por problemas auditivos. El niño se siente incapaz de pronunciar correctamente los fonemas porque no oye bien.

¿Cómo detectarla?
Cuando un niño es menor a cinco años es muy difícil, como padres, darnos cuenta si padece dislalia. Esto se debe a que en el proceso de adquisición del lenguaje la dislalia es un escalón más a superar. El pequeño no es capaz de repetir por imitación las palabras que escucha y lo hace de forma incorrecta desde el punto de vista fonético. Paulatinamente se va corrigiendo y aprende a pronunciar bien todos los fonemas. Este tipo de dislalia es normal y recibe el nombre de infantil evolutiva.
Si los errores en el habla se mantienen más allá de los cuatro años, es conveniente consultar a un especialista en audición o a un foniatra. Recién en ese momento se puede diagnosticar si padece dislalia. Es decir, que es incapaz de pronunciar correctamente los sonidos del habla que son vistos como normales según su edad y desarrollo. Las alteraciones más comunes son la distorsión, omisión, sustitución, inversión o inserción de fonemas.

Tratamientos
Una de las cosas que nos debe dejar tranquilos como padres es que existen tratamientos efectivos para corregir la dislalia. Es muy importante, por lo tanto, un diagnóstico temprano.
En las terapias se hace hincapié en la mejora de la dinámica respiratoria y del soplo, en el dominio y ejercitación de los órganos periféricos del habla, en la discriminación auditiva, en la adquisición de la conciencia fonológica y en el aprendizaje de la articulación correcta de los fonemas que se omiten, sustituyen, invierten o distorsionan.
En el caso de la dislalia audiógena u orgánica los tratamientos fonoaudiológicos van de la mano de otros, como la provisión de un audífono o de prótesis bucales.

Ejercicios para corregir el rotacismo
Es una de las dislalias más frecuente y consiste en la dificultad de pronunciación del fonema vibrante múltiple RR.
Si el problema no es muy severo y el fonoaudiólogo tratante está de acuerdo, podemos ayudar a nuestros hijos a corregir esta dislalia con simples ejercicios. Recordemos que siempre es mejor presentarlos como un juego y que no debemos excedernos del tiempo de realización para que no terminen por aburrir a nuestro niño.
Los ejercicios sugeridos son: respirar profundamente para relajar el cuerpo y la lengua; sacar la lengua llevándola hasta tocar la punta de la nariz o la barbilla, una y otra vez; colocar la punta de la lengua en el paladar superior, detrás de los dientes y moverla de derecha a izquierda y luego al revés; volver a colocar la punta de la lengua en el paladar superior, justo detrás de los dientes y tratar de expulsar el aire hasta conseguir el sonido de la letra R.

Lambdacismo
Es el nombre que se le da a aquellos trastornos de pronunciación que afectan particularmente al fonema L.
Algunos de los ejercicios sugeridos para la adquisición del fonema son: pararse frente al espejo y explicarle al niño que los labios y dientes deben estar ligeramente separados y la punta de la lengua cerca de los dientes superiores; tomar aire por la nariz y expirarlo suavemente por la boca; soplar sobre el dorso de la mano de forma suave y continua; con la punta de la lengua tocar el labio superior e inferior alternadamente, sin mover la mandíbula. Una vez que haya logrado producir el sonido prolongarlo y unirlo a una vocal (LLLA), repetir sílabas combinadas (LALU, LOLA, LULO), buscar imágenes cuyos nombres empiecen o contengan el fonema L y enunciarlos y formar frases con palabras que comiencen con L.
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