Artículos. El alfabeto
La palabra escrita forma parte de nuestro medio. Los niños, desde pequeños, están en contacto con ella, vinculándose de diversas maneras. Así van construyendo sus propias interpretaciones sobre la lectura y la escritura. Al vivir experiencias tales como ver a sus padres leyendo el diario o a una persona escribiendo un mensaje para otra, van descubriendo la función comunicativa de la lengua escrita en forma cotidiana. Aunque es en la escuela dónde los niños aprenden sistemáticamente a leer y a escribir, los padres pueden acompañar este proceso de aprendizaje desde su casa.

Etapas de adquisición de la lectoescritura
Si bien los niños son capaces de aprender a leer y escribir a edades muy tempranas, es fundamental tener en cuenta su estadio de maduración y sus habilidades lingüísticas antes de iniciarlos en este aprendizaje. Adelantarnos, puede generar en nuestros hijos una serie de frustraciones que los llevarán al posterior rechazo a la adquisición de la lectoescritura. Alrededor de los cuatro años, los niños transitan por la etapa presilábica. No comprenden lo simbólico de la escritura y no pueden establecer correspondencias entre letras y sonidos. Poseen la hipótesis de que a las cosas grandes les corresponden palabras largas y a las cosas pequeñas, palabras cortas.
Tiempo más tarde recorren la etapa silábica sin valor sonoro estable. Comienzan a darse cuenta de que la escritura es una forma de representar partes sonoras del lenguaje hablado. Escriben una letra por cada sílaba de la palabra, aunque no son letras que pertenecen a esa palabra. Por ejemplo, para "PATO" escriben "EN" (una letra para cada sílaba). Más adelante pueden escribir "AO".
La siguiente etapa es la silábico alfabética. La hipótesis silábica y la alfabética conviven en una misma palabra. Por cada sílaba escriben más de una letra, pero no logran escribir la palabra de forma completa. Por ejemplo, para "MARIPOSA" escriben "MIPOS".
La última etapa es la alfabética. Los niños establecen correspondencia entre el fonema (lo que suena) y el grafema (lo que se escribe). Al comprender que cada letra tiene su sonido, escriben las palabras con todas sus letras. Por supuesto que este proceso es progresivo, por lo que algunas veces se “olvidan” letras.

La importancia de enseñar el alfabeto
La escritura alfabética, representa la estructura fonológica de las palabras. Es decir, las letras representan sonidos. El conocimiento del nombre de las letras les proporciona a los niños los fundamentos para adquirir el sistema alfabético. Al aprender los nombres, deben discriminar y recordar las formas de las letras. Además, el nombre de las letras les ayuda a adjudicarles sonidos. Cuando copian, intentan escribir o ven palabras, prestan atención a las letras individuales porque deben escribirlas una por una, esto les permite el descubrimiento de numerosas correspondencias letra-sonido. Aprender el alfabeto no tiene por qué ser una tarea aburrida. Existen muchos juegos que los padres pueden realizar con sus hijos para acompañarlos en este aprendizaje.
A partir de los 4 años se puede jugar a "¿Adivina dónde está la A?". Para ello se preparan cartones con varios dibujos. Algunos de ellos deben comenzar con la letra sugerida en ese cartón. Se reparte a cada jugador un cartón y éstos tienen que identificar los dibujos que comiencen con la letra sugerida y marcarlos con una cruz. Gana quien señale correctamente las respuestas en el menor tiempo.
Con niños de 5 años se puede jugar al "Camino del abecé". Para ello es necesario un cartón con un recorrido con las letras del abecedario, fichas y un dado. El primer jugador tira un dado y avanza tantos casilleros como se indica. Si cae en una casilla roja debe decir dos palabras que comiencen con la letra indicada; en una amarilla, dos nombres de persona y, en una azul, un nombre de animal. Si cumple con la consigna correctamente, tira el dado para avanzar y le cede su turno al otro jugador. De lo contrario, debe esperar a que vuelva su turno nuevamente. Continúa la ronda y gana quien llega primero a la meta.
Importancia del nombre propio
El nombre propio resulta la palabra escrita más vista por los niños y la que les despierta mayor interés. Desde que tienen existencia escuchan su nombre en todo momento, es un sonido familiar. Más tarde descubren que su nombre escrito aparece en varios objetos, bajo diferentes finalidades. Entonces se apropian del mismo y de cada una de las letras que lo integran. Es común escuchar entre los niños: "Esta es mi letra", haciendo referencia a la letra con la que comienza su nombre.
Ante estas ventajas que vienen del nombre propio es útil, necesario e interesante tomarlo como punto de partida para poner en contacto a nuestros hijos con la lengua escrita. Es muy importante que, desde pequeños, los estimulemos a escribir su nombre. Primero lo copiarán y, más tarde, lo harán de memoria. La escritura de su nombre les da mucha seguridad porque es siempre igual, no cambia.
También podemos hacer juegos más organizados como, por ejemplo, la "Lotería del nombre". Para ello se necesitan cartones con nombres de los niños que intervienen en el juego; todas las letras sueltas que componen el abecedario contenidas en una bolsa y fichas de colores.
Se entregan los cartones con los nombres de cada participante. El objetivo del juego es armar el nombre a medida que se va "cantando" cada letra que se extrae de una bolsa. Cuando aparece alguna letra que le sirve al jugador, coloca una ficha de color en el lugar en el que se encuentra en su cartón. Gana el participante que complete primero su nombre.

El trazado de la escritura
En el aprendizaje del alfabeto no solo hay que tener en cuenta la madurez de los niños para asociar las letras escritas con sus sonidos sino, también, su capacidad motriz para dibujarlas. En cuanto al trazado los pequeños atraviesan 3 momentos: el de las grafías primitivas (espirales, garabatos longitudinales, palotes, círculos), el de las pseudoletras (imitaciones deformadas de las letras convencionales) y el de las letras convencionales. En general, les es más fácil conocer la imprenta mayúscula, ya que ésta tiene diferenciadas y su trazado es más fácil, permitiendo variaciones sin que la letra se altere por completo.
Antes de lograr el trazado correcto de las letras convencionales, los niños deben madurar una serie de destrezas como la coordinación visomotora (posibilidad de reproducir con el trazo lo que ven), la simetría, las orientaciones derechaizquierda y arriba-abajo, la disposición espacial y la motricidad fina, fundamentalmente asir un lápiz, presionarlo correctamente y hacer trazos con él. Para favorecer estas destrezas de nuestros hijos podemos, además de estimularlos a dibujar desde pequeños y a familiarizarse con el uso del lápiz y del papel, proponerles algunos juegos didácticos. La utilización de letras hechas en un material rugoso, como la lija, resulta de gran provecho. Los niños pueden recorrerlas con sus dedos, con los ojos cerrados o abiertos, intentar adivinar de qué letra se trata, enunciarla y después dibujarla en un papel. También resulta divertido para ellos reproducir las letras en la arena (sea en el parque de juegos, en la playa o en una caja de cartón que tengamos en casa). Estas experiencias lo ayudan a vincular el reconocimiento y trazado de las letras no sólo con capacidades intelectuales sino, también, con sensaciones placenteras como aquellas que provienen del tacto.
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