Artículos. El hábito de la lectura
La mayoría de los padres coincidimos en la necesidad de estimular el hábito de lectura en nuestros hijos. El problema es que, a la hora de pasar a la práctica, nos llenamos de dudas y no sabemos qué hacer. Les presentamos aquí algunas claves para tener en cuenta y una serie de juegos para incorporar el hábito de forma divertida.

¿Por qué es importante?
La lectura estimula la fantasía del niño. A medida que crea sus propias aventuras y personajes, refuerza su libertad creativa y su autoestima.
Además, desarrolla importantes habilidades del lenguaje y del conocimiento que le permitirán construir una sólida base para su experiencia escolar. Ejemplo de ello son la capacidad de contarnos algo que le ha sucedido en torno a un tema central; la habilidad para secuenciar eventos en el tiempo (qué sucedió primero, qué después); la facultad de establecer relaciones de causa y efecto y la adquisición de un lenguaje rico y complejo.

Por último, le permite proyectar sus propios miedos y conflictos. Los cuentos concluyen con un final feliz que libera al niño del miedo y lo hace sentir seguro y satisfecho.

¿Cuándo se recomienda empezar?
A pesar de lo que muchas personas creen, no es preciso esperar a que nuestro hijo hable o sepa leer para crearle el hábito de lectura. Podemos comenzar desde los primeros meses de vida del pequeño.

Los libros creados para los bebés suelen tener muchas ilustraciones y pocas palabras. Están pensados para ser mirados, aunque los comentarios de los padres enriquecen su contenido. Son un instrumento importante para enseñarles a hablar. El pequeño mira las imágenes, escucha al padre y pronto aprende a asociar la ilustración con la palabra.

¿Ejemplo o imposición?
Como el niño no tiene una necesidad natural de leer, es importante crearle el hábito de lectura. Conviene, al principio, hacerlo todos los días y en el mismo momento del día. Las horas que preceden al sueño suelen ser las ideales.
De todos modos, aunque nos esforcemos por crearle este hábito, nuestro ejemplo es decisivo. Es mucho más fácil que se aficione a la lectura el niño que ve a sus padres leer y en cuya casa hay libros.

Tengamos por costumbre contarle a nuestro hijo, en forma muy simple, qué estamos leyendo y pidámosle que él nos cuente las historias que lee.

¿Qué conviene tener en cuenta?
Que el niño sienta que la fracción de tiempo destinada a la lectura es importante en sí misma. No es bueno compartirla con otras actividades.

Disfrutar con él de ese momento mágico y transmitirle esa experiencia de goce.
Seleccionar los cuentos en función de la edad e intereses de nuestro hijo. En la mayoría de los libros está indicada la edad recomendada de sus lectores.
Darle la posibilidad a nuestro hijo de elegir qué historia quiere que le sea leída o narrada.

Procurar que se identifique con los personajes, permitirle que interrumpa la narración para preguntar o comentar algo, crear intriga, dejarle que cuente el final.

El actor
Una forma de hacer partícipe a nuestro pequeño de los cuentos que le leemos es que dramatice la historia. Podemos jugar a que es un actor y que debe ensayar su papel en una obra de teatro en la que será el protagonista. Antes de comenzar, resultará muy entretenido para él caracterizar al personaje con un disfraz y un maquillaje apropiados.

El locutor
Cuando nuestro hijo aprenda a leer resultará muy divertido este juego. Podemos sugerirle que es un locutor de radio y que conduce un programa en el que todas las noches le lee un cuento a su público. Para hacerlo como un profesional debe leer en voz alta, de forma pausada y vocalizando cada palabra.

El turista
Si todavía no ha ido nunca a una biblioteca, podemos organizar una visita. Con una cámara nuestro pequeño tomará fotos de las distintas salas y de las personas que atienden en cada sección. Al llegar a casa podrá organizar un álbum que le servirá para explicar a sus hermanos o a sus amigos lo que ha aprendido.

El pintor
Les presentamos aquí algunos cuadros de una historia. Propongámosle a nuestro hijo que ordene la secuencia y coloree los dibujos. Cuando lo haya hecho podrá contar la historia con sus propias palabras.
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