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¿Juegos de niños o niñas?
Seguramente algún día hemos encontrado a nuestro hijo varón jugando con una muñeca y nos hemos paralizado sin saber si alentarlo o prohibírselo. Antes de reaccionar, conviene preguntarnos si la elección de juegos típicamente masculinos o femeninos es natural o está determinada por la cultura en la que vivimos.

¿A qué prefieren jugar?
Antes de los tres años los pequeños juegan indistintamente a cualquier juego. Es muy común ver a las niñas entreteniéndose con automóviles y a los varones, especialmente los que tienen hermanas, con alguna muñeca.

Después de esa edad comienzan a marcarse diferencias. Las niñas prefieren juegos más tranquilos y disciplinados, como el escondite, las adivinanzas o los rompecabezas, o de representación, con los que recrean distintos oficios o situaciones (la escuela, la casa).

Por su parte, los niños, suelen elegir juegos más activos como las carreras, la lucha, el fútbol o la bicicleta.

¿Naturaleza o cultura?
Los estudios sobre el juego infantil no se ponen de acuerdo acerca de esta pregunta. Es indudable que existen ciertas características que diferencian el juego de los varones del de las mujeres. ¿Pero nacemos con ellas o se van formando a través de la educación que recibimos?

Podríamos decir que hay algunas particularidades naturales de cada sexo como, por ejemplo, el más temprano desarrollo motriz entre los niños y del habla entre las niñas. De todos modos, esto no determina sus elecciones en torno a los juegos.

La razón principal por la que las mujeres juegan a algunos juegos y los varones a otros es social. Desde pequeños se van formando en el rol que su familia y la sociedad en la que viven suponen que deben desempeñar. Por eso algunos padres les prohíben a sus hijos entretenerse con juegos que supuestamente están destinados al sexo contrario.

Aprender jugando
Se ha insistido muchas veces en que el juego es la forma más importante que tienen los pequeños de aprender. Es a través de él que ensayan, también, a ser varones o mujeres según la cultura a la que pertenecen.

Así por ejemplo, cuando una niña juega a la mamá, representa una y otra vez un rol que podrá asumir cuando crezca. Del mismo modo, cuando un niño juega con juegos de construcción se entrena en una actividad que se espera que un varón realice en su edad adulta.

Entonces podemos concluir que, más allá de una inclinación a determinados juegos según el sexo de los niños, los pequeños aprenden que hay algunos juegos que se espera realicen los varones y otros que están destinados a las mujeres.

Por otro lado, a través del juego, aprenden a desempeñar roles típicamente femeninos o masculinos.

Cuando las costumbres cambian
Aunque se piensa que las niñas se sienten atraídas por el padre y que tratan de imitar a la madre y que los niños intentan identificarse con el padre, en la sociedad actual estos papeles están cada vez menos contrapuestos y los objetivos y las tareas de varones y mujeres son más compartidos.

Por eso no es casual que estas actitudes se trasluzcan en los juegos infantiles. Es muy común encontrarse con niños que les piden a sus padres que les regalen una cocina de juguete para "aprender a cocinar" o a niñas que se inscriben en prácticas de fútbol.

¿Cómo evitar los estereotipos?
Si asumimos que los juegos son ensayos de roles, tenemos que pensar que condicionan a los niños en sus actitudes futuras. De allí la importancia de evitar que, cuando crezcan, varones y mujeres asuman actitudes sexistas.

Para ello debemos ofrecer a niños y niñas los mismos juguetes y permitir que sean ellos los que elijan a qué quieren jugar.

Por otro lado, no reírnos nunca de un niño que escoge juguetes tradicionalmente femeninos o de una niña que elige aquellos considerados masculinos.

Al proponer juegos de imitación de roles, tenemos que evitar aquellos que induzcan a establecer estereotipos sexuales.

Por último, alentemos a las niñas a practicar juegos activos y a los niños a jugar con juguetes típicamente femeninos.
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